12 de enero: Nace Charles Perrault

NACE CHARLES PERRAULT

 PLAN LECTOR,

PLIEGOS

DE LECTURA

 

RECOPILADOR

Y DECANTADOR

DE LA TRADICIÓN

ORAL

 

Danilo Sánchez Lihón

 

1. Con ellos

se nace

 

Los ocho cuentos para niños que Charles Perrault recopiló en el libro “Historias o Cuentos del Pasado”, también conocido con el nombre de “Los Cuentos de la Mamá Gansa”, no se leen sino que se respiran, no se conocen sino que circulan por nuestra sangre.

 

Lo sabemos sin haberlos leído nunca. Y los contamos sin saber cómo los hemos aprendido, cada quien poniéndole su voz, su acento y sus sueños.

No forman parte del espacio de la escuela, puesto que la rebasan. No están en las aulas o en las bibliotecas sino en el aire que los rodea por dentro y por fuera.

El niño los percibe antes y los tendrá frescos cuando los muros de su escuela se hayan derruido.

No se enseñan sino que se beben, como el agua pura de los manantiales. No forman parte del acervo literario sino de la naturaleza humana. Con ellos se nace y con ellos se muere.

2. De todos 

los pueblos

 

Caminan libres, incluso lejos de los libros. No los aprisiona ni siquiera la escritura ni las láminas planas de los carteles o ilustraciones.

Están en el corazón y en la sangre de la gente, en sus palpitaciones.

Estos cuentos se los sabe no por educación o cultura sino por tener pulso y latidos. Están inmersos en nuestro ser porque estamos vivos y si seguimos teniendo palabra más allá de la muerte es lo primero que contaremos en los otros mundos hacia donde arribaremos, sin saber cómo ni por qué estamos ahí, como ha ocurrido en esta morada.

Porque, ¿quién de nosotros no sabe y hasta narra a sus hijos, o a los niños de su alrededor, cuentos como La Caperucita Roja, La Cenicienta, Blanca Nieves, El gato con Botas o Pulgarcito?

Cuentos que han adquirido la categoría de ser universales, puesto que forman parte de la cultura de todos los pueblos, de todas las épocas a partir de su propagación.

 

3. Se sintió

hasta avergonzado

 

Charles Perrault, quien vivió entre los años 1628 y 1703, por su ubicación y sus funciones, era un personaje palaciego, funcionario de la corte, allegado al rey y contertulio del mundo cortesano de la Francia de su tiempo.

Los recopiló de la tradición oral con cierta displicencia. Y los dio a conocer  en un pequeño librito titulado: “Historias o Cuentos del Pasado”, identificados también como “Los Cuentos de la Mamá Gansa”.

Lo componen solo 8 cuentos que todos han alcanzado la categoría de célebres. Ellos son: Caperucita Roja, Cenicienta, Pulgarcito, El Gato con Botas, Barba Azul, La Bella Durmiente del Bosque, Riquete El del Copete y Hadas. Aparte escribió Piel de Asno.

Empero, su índole y contenido lo tenían contrariado, en realidad ¡hasta avergonzado!, tanto es así que prefirió no firmarlo y se publicó con el nombre prestado de su hijo Pierre, que para entonces tenía 20 años de edad.

 

4. ¿Qué

sobrevive?

 

Sin embargo, más dedicó su tiempo, su talento y empeños a escribir libros sobre asuntos que consideraba serios, fundamentales y trascendentes y que embargaban el debate de su época.

Esto es: escribió sobre política, sociología, historia; e incluso temas de ficción para adultos defendiendo principalmente al rey, la monarquía, el sistema establecido, la institucionalidad vigente, el rol de las academias y los modelos de vida de su época.

Nada de eso ha sobrevivido. Nada de eso tiene ahora la más mínima importancia. Ningún libro suyo sobre esos tópicos alcanzaron a ser reeditados.

Sin embargo el libro con apenas ocho historias, aparentemente simples y hasta ingenuas que recién dio forma a sus 69 años, alcanzó a tener varias ediciones en vida de su autor y hasta se tradujo al inglés.

Pero que después se tradujo a todos los idiomas del mundo y se editan cada minuto y a cada instante en uno y otro sitio del planeta.

5. En la boca

y en el alma de la gente

 

Estos rasgos los anotamos porque son los mismos que sufre la auténtica literatura infantil en todos los tiempos y lugares, tanto que su historia se parece a La Cenicienta, uno de los cuentos que recogió Perrault, cual es que desde una condición humilde se llega a ser la estrella rutilante de la fiesta en un palacio, pero abriéndose paso entre abrojos, espinas e incomprensiones.

Pero, además, hay otro signo en el devenir de la literatura infantil cual es que termina socavando el poder que al principio lo menosprecia, situación idéntica a la ocurrida con el autor de “Historias y Cuentos del Pasado”. Es decir, no pasa mucho tiempo en que se impone a todos los otros paradigmas, erigiéndose la literatura infantil en el único arte y poder verdadero.

En la misma persona de Perrault podemos comprobar esta paradoja: Escribió más de 45 libros sobre temas que consideraba fundamentales, siendo que ninguno de ellos ni siquiera son reliquias. Desaparecieron por completo nadie se interesa por ellos, en cambio aquellos ocho de su libro para niños anochecen y amanecen en la boca y en el alma de la gente.

6. El verdadero 

soberano

 

Charles Perrault no los creó, no son fruto de su ingenio o imaginación. Él los recogió de la tradición oral.

Eran cuentos rurales, campestres, aldeanos; cuentos de cabaña pobre y como tal entrañables; de fogón y cocina; del margen y no del centro de las academias o núcleos de poder.

Y, sin embargo, ¡hasta dónde han llegado! Lo que ahora contamos como si fueran cuentos de salón o palaciegos o de las grandes cortes no es allí donde fueron concebidos e ideados.

Es el pueblo humilde y sufrido quienes los idearon. Y así como ellos, los campesinos, nos dan el trigo, el maíz y la papa con que nos alimentamos, así nos prodigan los cuentos con que nos nutrimos el alma.

De allí que César Vallejo afirmara: “Toda voz genial viene del pueblo y regresa hacia él, de frente o trasmitida”.

Charles Perrault tuvo la sensibilidad de acercarse en esto sí al pueblo que es el verdadero soberano, sabio e infalible.

 

7. Fecundas

paradojas

 

En todos sus otros libros defiende al rey, al absolutismo y a la monarquía. Se ha inmortalizado cuando se volvió inocente y niño.

Pero su presencia en la literatura en relación con sus posturas intelectuales resultan una total contradicción y una paradoja:

Valoró el mundo racional y positivista y supervive por el mundo mágico.

Defendía lo moderno y futurista y se ha consagrado con cuentos del pasado.

Defendió las convenciones y se ha salvado por su libro en donde fue libre.

Funda la corriente de los cuentos de hadas y, sin embargo, denostó de todo lo que él llamaba supersticiones.

Creía en lo que comprendía, pero lo que lo proyecta al futuro es aquello que no alcanzó jamás a comprender.

 

8. Esencias

y verdades profundas

 

Aún así, Charles Perrault ha sido llamado y es considerado el “Homero de los cuentos  infantiles”, porqué recuperó la tradición oral, como lo hizo Homero, el ciego divino de la Grecia antigua.

A partir de la recolección de las tradiciones orales del pueblo en la Francia monárquica inauguró, sin quererlo ni proponerse, la literatura infantil escrita, al publicar su libro “Historias o cuentos del pasado” editado en el año 1697, que por tener una ilustración en la carátula en donde aparece la figura de una oca, o ganso, se lo conoce también como “Cuentos de la Mamá Ganso”.

El libro de la referencia apareció como autoría de su hijo mayor, Pierre, debido a que en aquel tiempo se consideraba que un escritor que se precie no escribe para niños, labor considerada poco seria e indigna de un intelectual sobresaliente.

El libro contiene relatos en los cuales al fondo de una aparente ingenuidad hay esencias y verdades profundas del alma humana.

 

9. La verdad 

y el bien

 

Ahora bien, hay que reconocer otro mérito a Charles Perrault y que puede ser aleccionador para quienes son maestros y para todos aquellos que emiten opinión, y es el siguiente:

En una época agitada, convulsa y temerosa Perrault supo culminar sus historias con finales felices que hizo un cambio en sus lectores, ávidos de tener esperanzas.

Seamos voceros de buenas nuevas, de contenidos que ayuden, de anuncios que animen y alienten.

De allí que frases suyas como: “Vivieron muchos años y fueron felices por el resto de sus vidas”, y que las utilizamos ahora al narrar cuentos, fueron acuñadas por él y ya han pervivido 315 años y seguirán repitiéndose por centurias y milenios venideros.

En sus cuentos Perrault hace que el mal y el horror se adueñen y apoderen de los destinos de la gente y se enseñoreen momentáneamente sobre ellos y el mundo, pero al final son vencidos por las fuerzas de la verdad y del bien.

 

10. El Perú

como Francia

 

El Perú, como la Francia antigua es una raíz honda y vasta en tradiciones orales que hubieran sido el deleite de Charles Perrault.

Carmen Bravo Villasante, especialista consumada en este tema, en su obra monumental: Historia y Antología de la Literatura Infantil Iberoamericana, se expresa así:

“… el fabuloso oro del Perú que nos asombra en las vitrinas de los museos, la portentosa magia de los tesoros peruanos incaicos se corresponde con un depósito ingente de rico material de leyendas y cuentos. Pueblo rico en oro y en literatura ¡qué suerte! Los peruanos tienen que aprovechar sus propias minas espirituales para la literatura de los niños. ¿A qué buscar hadas, gnomos y elfos nórdicos si tienen espíritus y magos en su propia tierra? Locura sería pedir prestado a la mitología extraña mientras no agoten la propia.”

 

En homenaje a la memoria de Charles Perrault en todo lo que su obra tiene de valioso y trascendente, le dedicamos el siguiente texto de la tradición oral de nuestra amazonía recogido en mi libro: En noches de luna en torno a la hoguera:

 

APAJUÍ, NUESTRO PADRE

 Danilo Sánchez Lihón

 

1. Los amos

 

Del pueblo se hicieron amos unos señores que ante un pobre se apretaban las narices con los dedos de una mano, y con la otra hacían culebrear sus azotes que se des¬trenzaban en nuestros harapos.

Un poco más de aprecio les tenían a los perros.

Por eso los criábamos, porque a ellos y no a nosotros arrojaban los huesos que luego nos abalanzábamos a quitárselos.

Pero un día, desde el lugar donde están nuestros padres vino Apajuí, enviado para ver cómo estaba la vida en estos lugares.

Para que no lo conocieran tomó la figura de un viejo miserable, haraposo, lleno el cuerpo de heridas.

Caminaba descalzo por la tierra humedecida, dando lástima y pena.

 

2. Por el camino

 

Y viniendo por el camino dijo al primer hombre que encontró y que estaba sembrando yucas y frejoles.

– Buen hombre, ¿qué siembras?

– Siembro piedras. –Respondió sin mirarlo.

Y dijo Apajuí:

– Así será.

Cuando amaneció había bastantes piedras ocultando completamente ese paraje.

Más adelante, pasando por otra chacra preguntó al labrador que allí estaba:

– ¿Qué estás sembrando?

Le contestó:

– ¡Pues estoy sembrando espinas de cadillo!

 

3. Lo que se dice se hace

 

– De mañana vendrás a ver –dijo Apajuí.

Y era cierto. Cuando el hombre a la mañana siguiente se fue a mirar vio con espanto que su chacra era un matorral de cadillo.

Y luego encontró a varios hombres haciendo chacra y dirigiéndose a ellos les preguntó:

– ¿Y ustedes qué siembran, hermanos?

Y volteando a mirarle le respondieron:

– Viejo carachoso, feo, podrido, ¿por qué crees que estamos sembrando y por qué nos insultas diciéndonos que somos tus hermanos?

– Tal pensé, como también quise ser amable con ustedes. –Repuso.

– Aquí plantamos zarza para divertirnos y no somos hermanos de un viejo miserable. –Le dijeron mofándose y riéndose.

 

4. El sol era abrasador

 

Y dijo Apajuí:

– Si es para que se diviertan, será bueno que así sea.

Cuando al otro día volvieron a ver en su propiedad había un monte de zarzas ponzoñosas en donde se ocultaban alacranes y víboras.

Y así siguió caminando Apajuí por un lugar en donde el sol era abrasador, la tierra estaba partida por lo reseca y no habían árboles por la aridez e inclemencia del terreno.

Era un lugar seco y agreste en donde divisó a un hombre agachado y escarbando la tierra.

– ¡Hombre! ¿Tú qué estás haciendo? –Le preguntó.

– Estoy labrando esta tierra seca y sin dueño para ver si da maíz, zapallos, arvejas. –Dijo el hombre levantando el rostro sudoroso.

– ¡Bien, hijo! –Se alegró en el alma Apajuí–. De mañana vendrás a ver.

 

5. Es nuestro Padre

 

Cuando el anciano el otro día fue al sitio encontró el maíz crecido, el zapallo dando flor, un huerto fresco con hortalizas listas para ser recogidas.

El hombre entonces pensó:

Quién me preguntó ayer no puede ser otro que nuestro padre. Es nuestro Dios bendito.

Y así Apajuí continuó caminando.

Como un mendigo ingresó al pueblo. Y supo hacer bien su papel.

Neceó a los ricos en sus fiestas, en donde alguien al arrojarte un hueso de vaca le rompió la mejilla.

Un menor al pasar y tener asco lo pateó en las costillas.

Una concubina le arrojó una lata de cáscaras y hollejos, peor que a los perros.

 

6. Se quedó entre nosotros

 

Vio todo esto el enviado.

Le sangraron los ojos, se acentuaron más sus arrugas. El corazón empezó a dolerle de tristeza y pena.

Sintió que se le hacía acida la saliva en la boca.

Por primera vez alzó los ojos con dureza y recordó con rencor a los paisanos que tenía cómodamente instalados allá arriba.

Su cabeza hervía.

Y decidió no regresar al cielo de dónde venía.

Y se quedó entre nosotros a imaginar formas justas, buenas y perfectas de enmendar los males que se han enseñoreado sobre la faz de la tierra.

 

Texto que puede ser reproducido

citando autor y fuente

Teléfonos: 420-3343 y 420-3860

 

planlector@hotmail.com

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