La literatura que importa

Libros LiteraturaVolver de continuo a algunas discusiones acerca de la pertinencia de ciertas prácticas en la formación de los individuos ayuda a refrescar y a verificar su beneficio o no en la vida. La lectura literaria, tanto en debates institucionales, personales como familiares, ciertamente, es una piedra en el zapato. La mayoría estará de acuerdo, convencidos o no ––lo contrario es salir de lo políticamente correcto––, en que niños y jóvenes deben cultivar la lectura y, sobre todo, deben leer literatura; aunque, acerca de su naturaleza, las escuelas y algunos padres tengan poco claro cómo debe «utilizarse» más allá de un objeto de medición de comprensión lectora, y cómo se hace para que por arte de magia los niños se eduquen mediante los valores atribuidos a ciertos textos literarios que deben leer así no les guste. En otras palabras, no hay concierto en para qué sirve y cómo se usa. De la primera pregunta sacada siempre a flote sobre el naufragio de hacer lectores y buenas personas es de lo que nos vamos a ocupar.

Algunas de las respuestas más recordadas al respecto es la del escritor José Saramago, quien a quemarropa dijo que la literatura no sirve para nada y recordó el panorama triste, de cada día, de la vida humana, e implícitamente dejó sentado que para que la sociedad se vuelva «buena», la literatura no sirve. Tiene razón, en parte, dado que el fin último y único del texto literario no es volvernos buenos o malos, puede sí confrontarnos, provocarnos respecto a nuestro ser humano, a nuestra humanidad en acción; en ese sentido, la literatura pasa a ser un medio y no un fin al cual se debe llegar porque somos buenos niños y debemos leer cosas buenas y bonitas, o porque somos malos, díscolos y debemos leer cosas buenas y bonitas para ser buenos chicos y tranquilizar nuestros ímpetus.

Llegar a la conclusión que debe haber una utilidad, una función específica, del texto literario considero que es natural. Quienes hayan tenido esta experiencia de leer literatura habrán intuido o comentado para sí, en la soledad de su pensamiento, que la literatura trata sobre la existencia humana y sus posibilidades: soledad, tristeza, exilio, indefinición, encuentro, grandeza. Y hemos reído, llorado, nos hemos exaltado, identificado, nos hemos sentido interpelados o hemos sufrido con los personajes, o rechazado algunos finales; en fin, hemos soñado ser muchos y muchas a la vez, siempre en la dinámica del como o del como si, no del es o debe ser categórico.

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