Gustos y sabores. Lo que dicen los autores sobre la lectura y los niños (y no tan niños)

Una de las cuestiones más «caseras» sobre la formación del lector es que padres y docentes se preguntan sobre los libros que podrían dar a sus niños o hijos adolescentes, sin necesidad que los pequeños sientan una obligación al leerlos. La idea es más bien de seducirlos con «algo» muy preciado. A continuación recopilamos las recomendaciones de algunos autores sobre intereses lectores según la franja de edad.

La investigadora argentina Beatriz Actis (2002:61-62) sugiere, en primer lugar, que un diagnóstico de intereses es apropiado antes de iniciar nuestro plan de lectura. Este primer paso nos ayudará a proponer las lecturas desde las más simples a las más complejas y de lo más breves a las más extensas, siempre de acuerdo con la edad de los chicos, su madurez, su entorno sociocultural, los estímulos que haya recibido, sus intereses y gustos personales, etc.

En segundo lugar, Actis B. nos recomienda propiciar un clima de libertad y comodidad para las actividades relacionadas con la lectura es indispensable. En tercer lugar, indica que el generar un nterés sostenido por la lectura de parte del lector dependerá de que, a través de ella, el niño o adolescente pueda conectarse con significados que despierten su curiosidad y expectativas, que satisfagan su necesidad de información y que  se vinculen con su mundo imaginario y afectivo.

Finalmente, «un texto adecuado», dice la autora, debe ser un texto interesante, es decir, un texto que movilice los pensamientos, los afectos, las emociones y las fantasías del lector.

Por otro lado, en el conocido libro La lectura, corazón de aprendizaje, Ana Benda (2006: 141-142) señala que es motivador que quien recomienda la lectura no solamente la haya leído, sino también que esté entusiasmado con ella, ya que únicamente se puede dar lo que se vive. Asimismo, aclara que:

  • No es necesario que en la lectura esté todo dicho y aclarado.
  • El lenguaje ha de facilitar la lectura, incitar a continuarla y no entorpecerla con un número excesivo de palabras nuevas.
  • Separar en principio la formación del lector de otros propósitos, moralizantes, por ejemplo.
  • No conviene llevar a los niños demasiado rápidamente al juicio de valor; de lo contrario, puede suceder que el niño o niña asuma un discurso «políticamente correcto» y se paralice la actividad argumentativa.
  • Se debe buscar hacer leer, pensar, cuestionarse, ayudar a leer el mundo, para luego, en un momento posterior, poder juzgar y decidir.
  • Tener en cuenta que los buenos libros no tienen un mensaje. Sirven para que el lector se active, se pregunte, dude, busque.
  • Estar atentos al proceso del que se inicia en la lectura y ver las dificultades que tiene.

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